Volver a los 18
Posiciones

Volver a los 18

Para quienes seguimos con atención –y angustia—las elecciones, no deja de llamarnos la atención el porcentaje de preferencias que tiene la propuesta radical de Verónika Mendoza, que encandila a un grupo de jóvenes, y a otros que hace rato dejaron de serlo, pero que añoran ese populismo barato que tanto daño le hizo al país.

Antes que se iniciara la campaña electoral, las encuestas claramente mostraban que más del 20% del electorado, buscaba un rostro nuevo, alguien que se distinguiera de los políticos de siempre. No querían al denominado “elenco estable de la política nacional”. Por eso quizás, Julio Guzmán llamó la atención en ese grupo, y luego vino la “novedad de Verónika Mendoza”.

Pero Mendoza de nuevo no tiene nada. Lo que ella nos ofrece es volver a un modelo que ha fracasado en todos los lugares donde se ha aplicado. Juega con el idealismo de los jóvenes, que como es lógico, aspiran a una sociedad más justa.

Y son precisamente esos jóvenes –muchos de los cuales votarán por primera vez–, quienes no tienen idea de lo que hemos vivido –quienes hace rato ya pisamos los 40–, cuando teníamos su edad. Y ni que decir de quienes tuvieron que padecer la dictadura de Velasco Alvarado, esa es otra historia.

Nosotros, los cuarentones también hemos tenido 18 años. Con la diferencia que nuestro país era muy diferente al que ahora disfrutan nuestros hijos y sobrinos.

Las cifras son claras. En los últimos 25 años, desde que se instauró “el modelo” que Verónika tanto critica y quiere cambiar, la tasa de pobreza se redujo del 60% al 27%.

Y eso no es todo, vayamos a ejemplos que podrían identificar a algunos de los jóvenes que el domingo votarán por primera vez.

Antes del boom de los celulares, todos nos comunicábamos con los teléfonos de nuestras casas, y no existía Telefónica, sino una empresa estatal llamada Entel Perú. Era casi un lujo tener un teléfono en casa y el trámite demoraba unos cuantos años. Uno como mínimo. El Estado controlaba la empresa de Comunicaciones, hasta la década de los 90.

No habían importaciones libres. Si querías comprarte unas lindas zapatillas tenías que “encargarlas” a alguien en el extranjero, o esperar con suerte, que un familiar viajara y te las traiga de regalo. De lo contrario, solo te quedaban las Sinfín.

Habia que hacer colas para todo, habían apagones porque sí y porque no, tenías que regresar a tu casa antes de las 11 de la noche, porque había toque de queda por el terrorismo.

Terrorismo y terroristas y terrucos eran palabras habituales en nuestro vocabulario, así como “coche – bomba” y “anfo”.

Los terrucos convocaban a “paros armados” y mataban a humildes taxistan que los desafiaban y salían para llevar dinero a sus casas, cuando la hinflaci Vero quiere volver a un Estado que controle todo, quiere cambiarlo todo. istas. s, y nada justifica su actuar. No son  ni luchaón arreciaba.

Los micros iban llenos, y era todo un riesgo movilizarse en pleno paro armado,

pero había que hacerlo, el terror no podía paralizarnos, y eso era TERRORISMO. Así, con mayúsculas, no “conflicto armado interno”, como Vero y sus amigos pretenden hacernos creer. Los terroristas son delicuentes, y nada justifica su actuar. No son  ni luchadores sociales, ni rebeldes ni guerrilleros. Son los que son: viles terroristas.

Hubo alguna vez escasez de azúcar y había que endulzar el café y la leche con caramelos. Hasta para comprar un pan había que hacer cola.

Fuimos víctimas de varias cosas: del terrorismo, así como de una economía estatista y controlada. Y no hablo solo del primer gobierno de Alan García, todo empezó con Velasco Alvarado, Belaunde no hizo nada para cambiarlo y García terminó de arruinarlo.

 La autodenomiada “candidata de los jóvenes” quiere volver a un Estado que controle todo, quiere cambiarlo todo.

¿Realmente ese queremos?. ¿así, o más clarito?

8 abril, 2016

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